No son coches eléctricos ni los drones de tráfico: lo que domina las calles de Shenzhen es una plaga de motos

Hace menos de un mes volvía a China por tercera vez, pero aunque digo China, en realidad debería decir que mi destino es Shenzhen, la fábrica del gigante asiático… y del mundo. Aunque ya he visto sus atracciones típicas (algunas varias veces), sigo teniendo una asignatura pendiente: viajar en su metro, una auténtica obra de arte y de la ingeniería y también, probablemente el mejor del mundo. 

Normalmente me he movido en taxi o a pie, pero siempre con mucho respeto porque una ciudad de 18 millones de habitantes impone. Pero es que además el tráfico de Shenzhen es una locura por algo: hay motos por todas partes. Ni siquiera sus drones para controlar el tráfico remedian ese caos.

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