En Hirosaki, al norte de Japón, una compleja restauración patrimonial se ha convertido en algo bastante más insólito: miles de personas tirando de cuerdas para desplazar un castillo de cientos de toneladas. La operación utiliza una antigua técnica japonesa que permite trasladar edificios completos sin desmontarlos y ha despertado tal interés que las plazas disponibles se quedaron pequeñas.
Detrás del espectáculo hay una historia que comenzó con un terremoto.

