Durante la Edad del Bronce y la Edad del Hierro (es decir, aproximadamente entre el 2200 y el 200 a.C.) el suroeste de la península ibérica se llenó de piedras grandes y alargadas con figuras talladas, de dos tipos: unas veces la figura era una especie de guerrero y otras portaba una diadema en la cabeza. A lo largo de los años nos las hemos ido encontrando sin ningún contexto concreto: aparecían en un campo de cultivo o en un camino, pero no había tumbas ni estructuras cerca que ayudaran a entender para qué servían. Un yacimiento en Huelva ha dado un paso de gigante para resolver el misterio de su función real.
El hallazgo. En 2018 apareció por casualidad una estela «diademada» junto a una carretera en Cañaveral de León (Huelva), sin ninguna tumba ni estructura visible a su alrededor. El descubrimiento fue tan llamativo que un equipo internacional de las universidades de Durham, Gotemburgo, Huelva, Sevilla y Southampton puso en marcha un proyecto para excavar la zona y averiguar qué había detrás de esa piedra.

