Durante el eclipse del pasado 12 de agosto, muchos tuvimos la fortuna de ver la corona solar, esa imponente masa de gas extremadamente caliente que normalmente se mantiene invisible a nuestros ojos. El Sol es tan brillante que oculta su luz, mucho más tenue. Sin embargo, cuando se dan las condiciones exactas para que la Luna oculte durante unos segundos o muy pocos minutos el astro rey, la corona solar aparece llameante a su alrededor. Además de ser uno de los espectáculos más fascinantes de la naturaleza, durante siglos los eclipses solares fueron una oportunidad de oro para los científicos, ya que les regalaban la oportunidad de estudiar esta enigmática estructura. Pero hoy en día ya no es algo tan necesario para ellos. Por suerte, cuentan con instrumentos capaces de crear un eclipse falso y, así, acceder a la corona para su estudio. Ha habido varias misiones y proyectos con estos instrumentos como protagonistas, pero sin duda la más novedosa es Proba 3.
Esta misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) consiste en el trabajo en equipo de dos satélites: Occulter y Coronagraph. El primero está equipado con un disco circular, que actúa como una Luna artificial, tapando el Sol para crear una especie de eclipse, dejando la corona accesible a Coronagraph, que se encarga de estudiarla. Gracias a este dúo, durante 2025 la misión recopiló información equivalente a lo que se habría logrado con 4.000 eclipses solares. Sin duda es una misión muy interesante, sobre la que he podido hablar con Esther Bastida, una de las científicas del proyecto.

