Tener la tecnología como afición se ha vuelto muy difícil en 2026. Y caro. Porque ya no basta con seguir las últimas noticias y con plantearse una renovación: ahora hay que valorar si realmente merece la pena comprarse un nuevo dispositivo. Por una razón principal: la crisis de la memoria.
Llevamos meses asistiendo a un incremento brutal en el coste de la cadena de suministros. Dado que los fabricantes prefieren apuntarse al carro de la IA antes que al de los consumidores particulares, la escasez de componentes como la memoria RAM hace que comprarse un PC entre en la categoría de sueño inalcanzable; que renovar el hardware implique un notable sobrecoste, y que cambiar de teléfono se escape del simple capricho. Valorar la compra va mucho más allá de consultarlo con la almohada.

