El Boeing 737 lleva décadas formando parte del paisaje cotidiano de la aviación comercial. Lo hemos visto despegar miles de veces, cruzar aeropuertos de medio mundo y transportar pasajeros en una máquina donde conviven ingeniería, electrónica y procedimientos diseñados para funcionar con enorme precisión. Por eso resulta tan llamativo que una investigación reciente haya puesto el foco no en una gran vulnerabilidad visible, sino en algo casi insignificante por tamaño.
Para situarnos, el 737 no es un modelo aislado, sino una extensa familia de aviones de pasillo único que Boeing ha desarrollado para cubrir principalmente rutas de corto y medio radio. En Europa comparte ese mercado con la familia Airbus A320 y sigue siendo habitual en las flotas de numerosas aerolíneas. Los investigadores de la Universidad de California en San Diego y Oberlin College sitúan el alcance de sus hallazgos en los 737 Next Generation y 737 MAX, lo que incluye variantes muy conocidas como el 737-800.

