Cuando empiezas a subir metros y metros, la flora y la fauna cambian. Ni siquiera hace falta irse muy lejos: los campings en los Pirineos y las escapadas hasta alguna cima que servidora, y seguro que mucha gente que estáis leyendo esto, ha hecho a lo largo de su vida bastan para comprobarlo.
Pero si dejas los tresmiles atrás y subes todavía más, hasta los techos del planeta, la cosa cambia tanto que ver mamíferos se convierte en una rareza. Bueno, casi: hay uno que resiste el invierno perpetuo, las temperaturas bajo cero y la falta de oxígeno (lo más crítico de todo), y es muy pequeño: el ratón orejón andino, que como su nombre indica, vive en los Andes.

