Europa se prepara para necesitar mucha más capacidad de cómputo de la que tiene hoy. La expansión de la inteligencia artificial, los servicios cloud y las cargas de trabajo cada vez más exigentes empuja a construir infraestructura a una escala mucho mayor, y Bruselas quiere acelerar ese proceso dentro de la propia Unión. El problema aparece cuando miramos qué hay dentro de esos centros de datos y quién está detrás de las tecnologías que los mantienen funcionando: en varias de las capas más importantes, la UE sigue dependiendo de compañías y cadenas de suministro situadas fuera de sus fronteras.
La escala de ese salto ya está sobre la mesa. La Comisión Europea presentó en junio el Cloud and AI Development Act (CADA), una propuesta con la que pretende al menos triplicar la capacidad de los centros de datos de la UE durante los próximos cinco a siete años y llevarla a un nivel capaz de cubrir las necesidades de empresas y administraciones públicas de aquí a 2035. No hablamos, por tanto, de triplicar el número de instalaciones, sino la capacidad disponible. El plan todavía debe recorrer el proceso legislativo europeo, pero anticipa una expansión que implicaría una enorme demanda de servidores, chips y toda la infraestructura necesaria para operarlos.

