En China hay una industria que no para de crecer y mueve cada año miles de millones de dólares: la soledad. A medida que retrocede la tasa de natalidad, el país envejece y aumenta el peso de los hogares unipersonales, el gigante asiático se encuentra con que (por elección, obligación o costumbre) cada vez más gente afronta su vida sin parejas ni hijos. Eso se traduce en gente que reside sola, come sola, viaja sola, pasea sola y, en consecuencia, tiene nuevas necesidades.
Hay quien ya habla de la «economía de la soledad».

