Los magnates tech soñaron con una revolución digital que les haría milmillonarios: se han encontrado con el regreso de los luditas

En septiembre de 2025, Michael Trazzi se sentó con una silla plegable y una pizarra frente a la sede de Google DeepMind en Londres y se declaraba en huelga de hambre. En la pizarra se podía leer: «DeepMind parad la carrera de la IA«.

Unos días más tarde, otro joven se presentaba a las puertas de las oficinas de Anthropic con una carta para Dario Amodei con un mensaje muy similar: «Por el bien de mis hijos y con la urgencia y gravedad de nuestra situación en mi corazón, he iniciado una huelga de hambre frente a las oficinas de Anthropic… mientras espero su respuesta». Hoy, esas peticiones están más vigentes que nunca y la generación que iba a impulsar la IA es, en realidad, la que más la odia.

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