La economía de medio mundo, especialmente la estadounidense, está metiendo cientos de miles de millones de dólares en la construcción de centros de datos. Cuando algo así ocurre –tantísima inversión en un solo sector–, ese dinero, esos trabajadores y esos materiales tienen que salir de algún sitio. Lo que se dedica a levantar esos centros de datos deja de dedicarse a otra cosa.
La pregunta que lleva tiempo flotando en el aire es «cuánta otra cosa», y a eso responde el último informe de Axios Macro, que recoge un análisis de Jessica Rindels y David Mericle, economistas de Goldman Sachs.

