La IA iba a democratizar la creación de contenido, pero está consiguiendo lo contrario: que Internet vuelva a poner puertas

En enero, Daniel Stenberg cerró el programa de recompensas por bugs de cURL, una de las piezas de software más usadas del mundo. No lo hizo por que le faltaba dinero, sino porque le sobraban informes: una cantidad descomunal de avisos de vulnerabilidades generados con IA, muy bien redactados, muy convincentes completamente y falsos. Cada uno era escrito en unos pocos segundos, pero descartarlo costaba varias horas a un grupo de voluntarios.

Generar información ya cuesta prácticamente nada, pero filtrarla cuesta tanto o más que antes, porque el volumen ha crecido. No es que el coste haya desaparecido sino que ha cambiado de manos: ya no lo paga quien produce, sino quien recibe.

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