China ha logrado lo que parecía imposible: una batería capaz de seguir funcionando incluso a -70 ºC

El frío extremo es uno de los peores enemigos de las baterías. Lo es debido a que ralentiza los procesos electroquímicos que hacen posible el desplazamiento de los iones de litio entre los electrodos y a través del electrolito. Cuando la temperatura cae aumenta la resistencia interna de la batería, lo que en la práctica provoca que entregue menos potencia, e, incluso, que una parte de la energía almacenada deje de estar disponible temporalmente.

Los usuarios solemos percibir este comportamiento como un descenso muy marcado de la autonomía. Los fabricantes de baterías llevan muchos años lidiando con este problema debido a que algunos de los dispositivos que las utilizan, como, por ejemplo, los coches eléctricos, pueden estar expuestos a temperaturas muy bajas. Y en ese escenario el fallo no es una opción para los usuarios.

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