Misiles balísticos de más de 2.000 kilómetros, un proyecto de vehículo hipersónico, enjambres de drones capaces de decidir cuándo detonar, sistemas navales antitorpedo o incluso un programa para localizar las defensas aéreas de Taiwán. Todos estos proyectos no tienen demasiado en común y sus responsables operaban desde Rusia, China, Irán y Yemen. Salvo por un detalle: todos habían encontrado al mismo ingeniero estadounidense para acelerar parte del trabajo.
Era Claude, la inteligencia artificial de Anthropic.

