Vivimos rodeados de sistemas que deciden constantemente qué es válido y qué no. Lo hacen cuando iniciamos sesión en una cuenta, cuando un banco autoriza una transferencia o cuando una red comprueba que una operación cumple sus reglas y puede ejecutarse. Normalmente ni siquiera pensamos en ello, porque damos por hecho que esos controles están ahí y funcionan. El problema aparece cuando el propio sistema acepta como legítimo algo que nunca debería haber pasado sus filtros. Y, cuando eso ocurre en una infraestructura financiera, el error deja de ser una simple anomalía técnica.
Casi toda la reserva salió. La historia que nos ocupa empieza en Liquid, una red vinculada a Bitcoin y desarrollada por Blockstream. El 6 de septiembre, sus responsables informaron de que alrededor de 4.000 BTC habían salido de la cartera federada, que antes almacenaba unos 4.200. Hablamos de cerca del 95% de esos fondos, valorados entonces en unos 320 millones de dólares. La organización reaccionó desactivando sus nodos puente y pidió a los exchanges que suspendieran temporalmente los depósitos y retiradas de L-BTC mientras investigaba qué había ocurrido.

