Enterraron siete toneladas de xenón a 1.500 metros para encontrar materia oscura. Hay un resultado que no termina de encajar

Siete toneladas activas de xenón líquido, casi 1.500 metros de roca por encima y varias capas adicionales destinadas a identificar aquello que pueda contaminar la búsqueda. Hemos necesitado llegar a ese extremo porque algunas de las partículas que intentamos encontrar, si realmente existen, deberían interactuar con la materia de forma extraordinariamente infrecuente. El reto consiste así en construir un entorno donde casi todo lo conocido pueda ser reconocido o apartado. Solo entonces tiene sentido detenerse ante esas escasas señales que no terminan de comportarse como esperábamos.

Detrás de esa búsqueda está LUX-ZEPLIN, o LZ, una colaboración internacional que intenta detectar WIMPs, partículas masivas de interacción débil propuestas como uno de los posibles componentes de la materia oscura. Sabemos que esa materia invisible existe por los efectos gravitatorios que produce y que representa alrededor del 85% de la materia del universo, pero seguimos sin conocer su naturaleza. LZ trata precisamente de poner a prueba una de esas hipótesis. Este nuevo análisis de sus datos ha dejado una señal especialmente difícil de explicar.

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