A primera vista la imagen resulta impactante, casi casi aterradora. Cuando a comienzos de año los satélites de la misión Copernicus Sentinel-2 pasaron por encima de la región de Draa-Tafilatet, en Marruecos, fotografiaron una amplia mancha rojiza que se extiende a lo largo de kilómetros y kilómetros. Su color es tan brillante que parece artificial. Por si eso no fuera suficiente, está cortada por otra mancha de contornos irregulares, igual de grande y casi negra.
La pregunta es obvia: ¿Qué diablos es eso?

