La Primera Guerra Mundial había terminado, pero para Alemania quedaba por delante una batalla económica que iba a atravesar prácticamente todo el siglo XX. El Tratado de Versalles de 1919 estableció su responsabilidad por los daños de la guerra y la obligación de pagar reparaciones. Dicho de otra forma, le quedaba por delante una factura definitiva que se fijó en 1921 en nada menos que 132.000 millones de marcos oro de la época, una cantidad extraordinaria para un país derrotado y económicamente exhausto.
Nadie podía imaginar entonces cuándo se iba a dar el último pago.

