Starship lleva años acostumbrándonos a imágenes difíciles de ignorar: un vehículo gigantesco despegando, etapas separándose en vuelo y pruebas que unas veces han terminado con avances claros y otras con pérdidas inesperadas. Lo hemos visto progresar misión tras misión, con SpaceX modificando el sistema después de cada intento. Sin embargo, esa sucesión de vuelos todavía no ha cerrado algunas de las pruebas más importantes de su desarrollo. La próxima ya está programada y apunta directamente a uno de esos objetivos que el programa lleva tiempo persiguiendo.
La fecha marcada es el 22 de septiembre, siempre que llegue la autorización regulatoria necesaria. Ese día, Starship intentará entrar por primera vez en una órbita de unos 275 kilómetros, completar aproximadamente seis vueltas al planeta y comenzar después su regreso mediante un encendido de desorbitado tras casi diez horas de misión. El plan contempla terminar con una reentrada y un amerizaje controlado en el Pacífico, al oeste de Chile. Pero el vuelo no irá vacío: SpaceX transportará 26 Starlink V3, y entre esa carga se encuentra uno de los detalles que hacen especialmente interesante esta prueba.

