Ponerle brazos a las cosas está de moda y tiene todo el sentido del mundo

Una de las grandes ventajas de que un robot haga algo por ti es de cajón: no tienes que hacerlo tú, a mano. Pero automatizar una labor es una ardua tarea que tarde o temprano se resuelve: primero para el escenario más general y favorable y después, para las particularidades. Un ejemplo fácil: un (cualquiera) robot aspirador limpia bien un loft con una planta rectangular amplia y despejada. Eso sí, añádele una arquitectura compleja con recovecos, pilares, cables y/o una mascota y verás: o no limpia o atropella el obstáculo o se lo traga. 

Así que cuando a Roborock se le ocurrió ponerle un brazo articulado a su Saros Z70, ofrecía una solución a una problemática concreta: retirar ese molesto calcetín de en medio. La firma china lo mostró al mundo en el CES 2025 adelantándose a una tendencia que, un año y medio después en el IFA berlinés ya es una realidad consolidada: primero les pusimos brazos a los aspiradores y ahora queremos ponérselos a todo… y con razón.

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