Si pensamos en almacenamiento sobre cinta, es fácil viajar varias décadas atrás, a salas llenas de grandes ordenadores, armarios técnicos y bobinas que giraban mientras aquellos sistemas procesaban cantidades de información que hoy parecerían diminutas. La evolución de los discos duros y, más tarde, de los SSD pudo hacer pensar que aquella tecnología había quedado relegada a los museos de informática. Sin embargo, nunca desapareció de los centros de datos. Y ahora que la inteligencia artificial está multiplicando las necesidades de almacenamiento, sigue teniendo un papel difícil de sustituir.
La capacidad vuelve a acelerar. Según el LTO Program, la capacidad enviada durante el primer trimestre de 2026 aumentó un 57% frente al mismo periodo de 2025. La cifra no equivale a un 57% más de cartuchos vendidos, porque mide cuántos datos pueden almacenar en conjunto los soportes despachados y también se ve favorecida por la llegada de generaciones más densas. El movimiento llega después del récord de 176,5 exabytes de capacidad comprimida alcanzado en 2024. El propio programa señala que la fortaleza de LTO-9 y el despliegue inicial de LTO-10 contribuyeron al repunte, dentro de un contexto marcado por el crecimiento de la IA, el archivo tradicional y las presiones sobre costes, energía y ciberresiliencia.

