Hay algo desconcertante en Nusantara: basta mirar su centro administrativo para pensar que la futura capital de Indonesia ya está tomando forma. El palacio Garuda domina el conjunto, alrededor se levantan ministerios, hospitales y bloques residenciales, y la imagen empieza a parecerse a la de una capital en funcionamiento. Pero una ciudad no se construye solo con edificios. Necesita habitantes, actividad económica, servicios cotidianos y movimiento constante. Y ahí es donde aparece la distancia entre lo que Indonesia ya ha levantado y la Nusantara que imaginó para las próximas décadas.
Las cifras ayudan a medir esa distancia. Según Nikkei Asia, el centro administrativo de unas 6.600 hectáreas parece casi terminado desde el punto de vista físico, pero buena parte de los edificios permanece prácticamente vacía. Alrededor de 1.000 empleados públicos viven actualmente en el lugar, muy por debajo de los 10.000 o más contemplados en planes anteriores, mientras la actividad constructora y comercial se ha enfriado respecto a 2024. El desafío ya no consiste únicamente en terminar obras: pasa porque el proyecto continúe avanzando sin dar pasos hacia atrás.

