Las olas de calor extremo han convertido nuestras ciudades en auténticos hornos de asfalto y hormigón. Ante el temido efecto de «isla de calor urbana», la respuesta tradicional de los ayuntamientos ha sido casi siempre plantar más árboles. Sin embargo, la ciencia advierte que no estamos abordando el problema con la precisión necesaria, ya que no todas las especies refrescan igual, ni cualquier ubicación sirve.
Se ha investigado. La Universidad de Granada ha arrojado luz sobre cómo deberíamos diseñar las ciudades del futuro, sin tener que plantar árboles de manera aleatoria. A través del proyecto BioCiTrees, un equipo de investigadores del departamento de ecología ha medido durante dos años el impacto térmico de 19 especies de árboles en el céntrico parque granadino Federico García Lorca.

