Años 2000, el siglo XXI acaba de comenzar y la industria del automóvil vive una batalla particular: ¿quién puede ofrecer el coche que menos consume del mercado? Explicaban aquellos días en Autopista que la batalla estaba servida a base de coches pequeños, muy ligeros y con motorizaciones diésel. El mejor ejemplo de lo que la industria podía conseguir estaba en los menos de 30 litros que gastó un Renault Twingo en todo un Madrid-Barcelona.
La fiebre diésel crecería en la primera década del siglo XXI y se asentaría por completo en la siguiente. El Grupo Volkswagen pasó del sueño a la pesadilla, con algunos de los coches que menos consumían del mercado, con las victorias de Audi en Le Mans y con el archiconocido como Dieselgate ya en 2015.

