España acaba de presentar un ambicioso plan para intentar convertirse en referente europeo en inteligencia artificial. Entre los objetivos están la creación de una gigafactoría con hasta 100.000 chips aceleradores de IA, 600 millones de euros para llevar la IA a las empresas, modelos propios, formación, IA en la Administración y hasta un nuevo contrato social para repartir los beneficios de la tecnología. Sobre el papel el plan es prometedor y está lleno de buenas intenciones, pero si echamos la vista atrás, la cosa es preocupante: en 2020 España presentó otra gran estrategia para ser puntero en IA y seis años después esa situación no ha cambiado demasiado.
En 2020 el plan también sonaba estupendamente. La primera Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial nos hablaba de cómo se invertirían 600 millones de euros públicos entre 2021 y 2023 en seis grandes áreas. España quería impulsar la investigación, atraer talento, construir infraestructura, introducir la IA en las empresas y la Administración y establecer un marco ético que protegiera los derechos de los ciudadanos. Se buscaba una IA «humanista, inclusiva y sostenible», y aquello nos recuerda bastante a esto de 2026.

