En 2016, Francia se convirtió en el primer país del mundo en tener una carretera solar. Tres años después descubrimos por qué no era una buena idea

En diciembre de 2016, Francia inauguró en Normandía un kilómetro de carretera cubierto de paneles fotovoltaicos, un proyecto presentado como el mayor de su tipo en el mundo y como anticipo de una revolución que podía extenderse por 1.000 kilómetros de carreteras francesas. La idea parecía irresistible: producir electricidad aprovechando una superficie que ya existía, sin ocupar tejados, campos ni espacios naturales. 

Menos de tres años después, 100 metros habían tenido que retirarlos.

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