Más allá de sectores, mercados o países, la mayoría de negocios del mundo tienen algo en común: sueñan con las codiciadas «tres B». Productos «buenos, bonitos y baratos», la santa trinidad del mundo empresarial. En España la hostelería se ha acercado con el menú del día, un formato que lleva 60 años haciéndonos la vida más fácil (y asequible) a quienes comemos fuera de casa. A cambio de un precio razonable, o al menos inferior al que pagaríamos si tirásemos la carta, los restaurantes ofrecen combos de varios platos, bebida y café o postre.
¿Cómo ha llegado a popularizarse tanto esa fórmula? ¿Qué ha pasado para que se haya convertido casi en una institución? La respuesta está en la dictadura.

