En 2010 convirtió la Antártida en un detector de partículas fantasma, hoy es el Premio Nobel de Física justo por eso

El Premio Nobel de Física 2026 ha ido a parar a un científico que decidió usar el hielo del polo sur como detector de las partículas fantasmas del Universo. Estas partículas, llamadas neutrinos, no tienen carga y solo interaccionan mediante la fuerza débil, por lo que pueden viajar por el cosmos sin interaccionar prácticamente nunca con la materia. Esto, justamente, las convierte en fieles testigos de lo que sucede en el Universo. Solo hay que deshacer el camino que han seguido hasta nosotros, como si hubiesen ido dejando miguitas de pan. El problema es que, precisamente por esa dificultad suya para interaccionar con la materia, son muy difíciles de medir. O al menos lo eran hasta que Francis Halzen decidió indagar en el hielo. 

Un viaje muy lejano. Las explosiones y el resto de procesos violentos que ocurrieron en el Universo lejano liberaron protones de alta energía, capaces de llegar hasta nosotros. El problema es que, como buenas partículas con carga, esos protones se han ido desviando al encontrarse con campos magnéticos. Por eso, si siguiésemos su trayectoria, no llegaríamos realmente a su verdadero origen. No podríamos saber qué los originó. En esas explosiones del Universo lejano también se generan rayos gamma. No obstante, estos interaccionan tanto con la luz y la materia que se van debilitando por el camino y no pueden medirse. En cambio, los neutrinos de alta energía, que se generan junto a los protones, nos cuentan una historia distinta.

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