En octubre de 2006, uno de los mayores símbolos del poder naval de Estados Unidos navegaba cerca de Okinawa acompañado por varios buques de guerra cuando ocurrió algo inquietante: un submarino chino apareció en superficie a apenas ocho kilómetros del USS Kitty Hawk sin haber sido detectado previamente. Quince años después, aquel mismo portaaviones, que había costado el equivalente actual a unos 2.500 millones de dólares, acabaría vendido por la Marina estadounidense por exactamente un centavo.
Un submarino chino y el Kitty Hawk. Ocurrió el 26 de octubre de 2006, cuando el Kitty Hawk operaba en aguas internacionales próximas a Okinawa. Entonces, un submarino diésel-eléctrico chino de clase Song emergió a unos ocho km del portaaviones. Lo extraordinario no era únicamente la distancia, sino que el submarino había conseguido llegar hasta allí sin ser detectado previamente por el grupo estadounidense.

