"Con mucho meneo": los peregrinos están convirtiendo la llegada a Santiago en un infierno para sus habitantes

¿Dónde quedó aquel sueño de hacer el camino con introspección, visitando albergues sin esperar nada a cambio y pisar Santiago de Compostela abrumado y circunspecto, siendo o no creyente? El Obradoiro de Santiago lleva años funcionando como un parque temático del peregrino, una gymkana de crossfiteros y una especie de ‘Grand Prix’ adolescente: «No son peregrinos. Son chavales de fiesta«, decía el Barroquista, el apodo en X bajo el divulgador cultural Miguel Ángel Cajigal.

El vídeo viral del grupo Pastoral Juvenil de San Carlos Borromeo es uno de tantos. Y es la versión 2026 de un modelo que lleva tiempo desbordando la ciudad y tensando la convivencia. En la plaza ya no huele a romero sino a serum aftersun. Y tampoco guarda el sobrecogimiento del final de un largo viaje; desprende el sudor festivo de un macrofestival veraniego, coreando canciones a guitarra y pleno pulmón. No me quiero imaginar cómo se sentirán los vecinos de esa explanada, Patrimonio Mundial de la Unesco y sujeta a estrictas normativas patrimoniales.

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