Como si fueran panaderos o barrenderos nocturnos, hay otro sector que ha decidido trabajar cuando los demás todavía duermen. En varias zonas de La Rioja, las altas temperaturas están obligando a muchos pastores a adelantar sus jornadas: “me levanto a las cinco para sacar a las ovejas hasta que ya no pueden con el calor”, dice Miguel Ángel, ganadero en Galilea.
En esta región de La Rioja, Miguel Ángel ya no mira el reloj para saber cuándo terminar la jornada. Mira a sus ovejas. Cuando el rebaño empieza a buscar sombra por su cuenta, ese es el aviso de que el calor ha vencido a la jornada. Sale al campo antes del amanecer y para de trabajar cuando el sol aprieta; después vuelve a la tarde hasta la puesta de sol. La Rioja ha encadenado jornadas de 36 y 37 grados, unos nueve grados por encima de los valores históricos de la región, y ese salto térmico ha reescrito por completo el reloj laboral del campo.

