“En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”. El inolvidable arranque de la mejor novela de la historia en lengua española siempre ha sido objeto de debate: ¿qué lugar es ese? Si no quería acordarse, como veremos a lo largo del artículo, es por algo. Tenías sobradas razones. Y nosotros también tenemos razones para creer que ese lugar era Quintanar de la Orden.
Hay pueblos que aparecen en los mapas porque son grandes, o porque tienen estación, una frontera o catedral. Y luego está Quintanar de la Orden, que durante siglos apareció porque era el lugar al que había que ir: para pagar, juzgar y comerciar. Hoy sus paredes están llenas de Quijotes y Dulcineas, pero esa vocación de atraer a gente de toda la comarca tiene siglos. Durante esos siglos funcionó como una pequeña capital territorial.

