Egipto se embarcó en uno de los proyectos de ingeniería más ambiciosos de su historia moderna en 1997: sacar agua del lago Nasser, llevarla hasta el desierto occidental y construir allí una especie de segundo valle del Nilo. El proyecto Toshka debía convertir cientos de miles de hectáreas de arena en campos de cultivo, levantar nuevas ciudades y trasladar hasta allí a una parte considerable de una población que seguía concentrándose en una estrechísima franja alrededor del río. El Estado construyó canales y una de las mayores estaciones de bombeo del mundo.
El problema fue que llevó el agua al desierto mucho antes que lo demás.

