Hace 15 años, un laboratorio de Florida consiguió que una lechuga corriente generara proinsulina humana. Y no un poquito: el 53% de toda la proteína soluble de la hoja erstaba formada por esta proteína.
Así escrito no suena muy espectacular, pero vaya si lo era: habían cogido una aburrida lechuga y la habían convertido en una fábrica. La cuestión era decidir qué proteína queríamos que fabricara.

