Estados Unidos puso en marcha tras la Segunda Guerra Mundial uno de los experimentos caninos más ambiciosos jamás realizados: más de 500 perros, 13 años de investigación y 632.000 dólares de la época, cerca de nueve millones actuales, para estudiar hasta dónde podía llevarles la genética. Detrás estaba la Fundación Rockefeller y una pregunta heredada de una época mucho más oscura: si se elegían los genes adecuados, ¿sería posible criar un perro extraordinariamente inteligente?
La escuela del perro perfecto. El proyecto arrancó en Maine a mediados de los años 40 y acabó siendo conocido como la School for Dogs. Los investigadores John Paul Scott y John Fuller dispusieron de unas instalaciones enormes, decenas de trabajadores y cinco razas (cocker spaniel, beagle, pastor de Shetland, basenji y fox terrier de pelo duro) cuyos cachorros podían seguir desde el nacimiento.

