Cuando pensamos en el lobo, irremediablemente lo asociamos a un depredador de ciervos, ovejas, conejos y similares, , pero su dieta es más variada de lo que parece. De hecho, algunas manadas en verano comen mucha fruta. Y resulta que ese hábito frugívoro tiene consecuencias para el medio ambiente: sin ir más lejos, son una bendición para los arándanos.
Ojalá me coma un lobo. No dijo nadie nunca, salvo quizás los arándanos: un estudio de la Universidad de Minnesota ha descubierto el efecto de los lobos (de su ingesta) sobre la germinación de los arándanos. Concretamente, aquellas semillas que se habían comido los lobos germinaron en un 96 % frente al 69% de las que no. Además, también germinaron más rápido: para el día 19 ya habían salido la mitad, mientras que para las semillas no digeridas hubo que esperar hasta el día 26.

