Verano de 2025. Un equipo excava un sector romano en Castilla-La Mancha y topa con algo que no encaja: una cara de piedra. Caliza, casi tamaño natural, sin rostro pero con nuca, laterales y 2.400 años de historia intactos. Los romanos la usaron de ladrillo. Ahora vuelve a tener nombre propio: la cabeza ibérica de Libisosa, y así lo ha contado la Universidad de Murcia.
Tengamos en cuenta que la lengua íbera todavía guarda secretos: sabemos leer su escritura, pero seguimos sin descifrar del todo su gramática; al no formarse un único estado, sino un mosaico de ciudades, cada uno con su propio arte funerario, es imprescindible analizar el contexto de cada hallazgo.

