Johanna tiene 25 años, es universitaria, alemana, y (al igual que miles de compatriotas) una enamorada de España, país que visita con frecuencia. Este año cumplió con ese ritual, pero de una forma algo distinta: en vez de hacerlo en julio o agosto, explicaba hace poco a El País, viajó en mayo, antes de que las olas de calor extremo situasen los termómetros por encima de 40 grados. Su caso es interesante porque refleja cómo el cambio climático está afectando al turismo, alterando sus dinámicas, penalizando algunos destinos y relanzando otros.
De hecho, ya hay uno que empieza a destacar por su éxito: las Highlands.

