A finales de julio, el mantenedor de un proyecto de código abierto se encontró una pull request en su repositorio. El código traía algo escondido dentro. Puso pegas en público y entonces empezaron a aparecer cuentas apoyando el parche, insistiendo, incluso apretando un poco. Ninguna de esas personas existía. Eran todas el mismo agente, que además había tirado de Tor para saltarse las restricciones de GitHub y que a la vez iba dejando mensajes públicos ofreciéndose a colaborar con otros agentes metidos en el mismo reto.
El tío dijo que no y ahí se acabó la historia.

