Doscientas láminas de Francisco de Goya cuelgan hoy en el Museo de Bellas Artes de Álava. Pero nadie las compró, sino que Hacienda las embargó (en cierto modo) a un fabricante de pilas que amasó una de las colecciones de arte más discretas del País Vasco y luego se quedó sin avales para salir adelante. La historia mezcla un paraguas, transistores de radio, una quiebra industrial y el patrimonio del mejor pintor de la historia de España. ¿O eres más de Velázquez?
De paraguas a pilas. Tximist —»rayo» en euskera— nació en 1934 en Oñate y se convirtió en el primer fabricante de pilas de España (y uno de los primeros de Europa). También ahí nació en 1920 Juan Celaya, «Juanito Zelaia» para los suyos, hijo de un nacionalista exiliado en Chile tras la Guerra Civil. En 1959 entró en la empresa que su padre fundó junto a otros dos industriales guipuzcoanos, Emparanza y Galdós. Fabricaban paraguas, negocio lógico en una región donde llueve casi todo el año. El giro decisivo llegó poco después, cuando saltaron a las pilas, el producto que todo hogar necesitaba para escuchar la radio.

