Un gigantesco Boeing 747 pintado de fucsia, blanco y dorado lleva parado en el aeropuerto de Manises, en Valencia, casi dos décadas. Su historia tiene que ver con la aerolínea Pronair, fundada por el empresario de Yecla, Isidoro Romero. Tras años dando tumbos, ahora Aena se ha dispuesto a completar todos los trámites necesarios para retirarlo del aeropuerto.
Un vestigio de la era precrisis. Podría decirse que la aeronave es un símbolo del auge económico de España previo a 2008, cuando un magnate de la construcción decidió lanzar su propia aerolínea. El hecho de que esté muerto de risa en la pista del aeropuerto de Manises refleja precisamente el colapso que vivimos durante la crisis financiera. Y la subasta del avión podría dar carpetazo al asunto.

