Si nos ponemos fatalistas, Morillo de Tou no debería existir. En 1963, el franquismo llenó de agua sus campos para construir el embalse de Mediano y expulsó a sus vecinos. Durante tres décadas, la maleza devoró las casas de piedra y nadie reclamaba el pueblo ni quería su pasado. Todo cambia el 23 de abril de 1986. Ese día, Marcelino Camacho, entonces líder de Comisiones Obreras, firmó la cesión del núcleo con la Confederación Hidrográfica del Ebro. Otro concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Zaragoza organizó las primeras cuadrillas de voluntarios. Piedra a piedra y con sus manos, las casas recuperaron sus tejados y las parcelas sus lindes.
Cuarenta años después, CCOO Aragón celebró el aniversario con un vídeo conmemorativo y una nueva entrada al complejo. El secretario general del sindicato en Aragón, Manuel Pina, recordaba eso de “convertir el olvido en oportunidad para el Sobrarbe”. A tres kilómetros de la villa medieval de Aínsa, durante décadas solo tuvo maleza por vecino. Hoy recibe a miles de turistas cada verano.

