Gorro de Papá Noel, copa de champán y 30 grados a la sombra. Bueno, 22 º, según la última medición. La escena se repite cada primer sábado de agosto en Bérchules (Granada), un municipio de apenas 700 habitantes que ha convertido una anécdota de hace tres décadas en una de las fiestas más raras de España. Este año, más de 7.000 personas se dieron cita en sus calles, multiplicando por diez la población censada. Si bien siguen teniendo su navidad “normal”, con sus jerseys, esta parece más divertida.
La culpa fue de un apagón, literalmente. La noche del 31 de diciembre de 1994, Bérchules sufrió un corte eléctrico justo antes de las campanadas. Los vecinos tuvieron que recibir el año a la luz de las velas, tras meses de cortes frecuentes en el suministro. El malestar fue tal que casi el 95% de la población salió a manifestarse días después.

