Un combustible que muchos ciudadanos no compran directamente puede terminar encareciendo una parte de su vida cotidiana. Eso ocurre con el diésel, imprescindible para buena parte del transporte de mercancías: cuando sube su precio, también pueden aumentar los costes de llevar productos hasta comercios y almacenes. Estados Unidos lleva meses viendo cómo se dispara, en medio de un mercado energético alterado por las guerras y los problemas de abastecimiento. La cuestión ya no es solo cuánto puede bajar el precio, sino qué decisiones está dispuesto a tomar Washington para conseguirlo.
Un acuerdo con Putin sobre la mesa. La respuesta de Donald Trump ha llegado este viernes desde Truth Social: asegura que, tras hablar con Vladímir Putin, Rusia suministrará de inmediato más de 300.000 toneladas de diésel a Estados Unidos y al mercado internacional. Según el presidente estadounidense, a esa primera partida se sumarán 500.000 toneladas en noviembre y otro millón poco después. También anunció tres millones adicionales, aunque los condicionó al estado de las refinerías rusas. Su objetivo declarado es abaratar el combustible, pero las cantidades anunciadas todavía no se traducen en entregas verificadas.

