Buena parte de las grandes ciudades del viejo continente se construyeron en torno a un río, un auténtico vector de vida: sirve para el abastecimiento de agua, el regadío en agricultura y ganadería y también para el transporte de mercancías y personas. Si hay río, hay vida. Cuando el río se seca, malo: aparecen los problemas.
Por eso, a lo largo de los siglos quienes vivían alrededor de los ríos de Europa Central dejaron un mensaje de advertencia en el mejor lugar posible para el futuro: en esas piedras que quedaban expuestas cuando el nivel del agua era anormalmente bajo. Y este 2026 han vuelto a dejarse ver, junto a barcos nazis o hasta un mamut del pleistoceno.

