China lleva años dejando ver algo extraño en sus instalaciones navales: submarinos sin tripulación que ya no tienen demasiado que ver con la imagen habitual de un dron marino. Algunos alcanzan los 45 metros de eslora y se acercan más, por dimensiones, a pequeños submarinos convencionales que a un vehículo autónomo. El problema era que faltaba una pieza para entender hasta dónde quería llegar Pekín con ellos.
Ahora esa pieza parece estar tomando forma en un astillero de Shangháii.

