Durante buena parte del tercer milenio antes de Cristo la gente que vivía en lo que hoy es Caravaca de la Cruz, en Murcia, siguió un ritual: despedirse de sus muertos en una cueva excavada directamente en la roca, un amplio hipogeo que hoy se considera el mayor cementerio colectivo de la Edad del Cobre en Europa. Se cree que allí acabaron los huesos de más de 1.300 personas, aunque hay 48 en concreto que han llamado la atención de los arqueólogos: esqueletos de niños y adolescentes que, pese al paso de los siglos, conservan su posición original.
Esa particularidad ofrece a los investigadores una oportunidad única para examinar a fondo sus lesiones y ha revelado algo fascinante: las infecciones respiratorias (incluida seguramente la tuberculosis) estaban al orden del día hace 5.000 años. De hecho dejaban su huella en los huesos de los más jóvenes.

