Hace algo más de un siglo, un hombre se subió a un escenario a hablar de algo que nadie esperaba de él. No era un líder obrero ni un político. Era el dueño de una de las fábricas más grandes y productivas del planeta. Su nombre era Henry Ford, y aquel día no subió a hablar de coches ni de cadenas de montaje.
Tal y como cuenta la BBC, Ford se presentó como defensor de una idea que parecía descabellada en boca de uno de los empresarios más ricos y revolucionarios de EEUU en los inicios del siglo XX: el derecho de sus obreros a no trabajar.

