Hartos de tanto turista, a los vecinos de Palma se les ha ocurrido un inusual método para molestarlos: llenar las plazas

¿Cómo hacer frente a una ruidosa marabunta de turistas? A la española: haciendo más ruido e invadiendo los espacios que ellos mismos han invadido. En la plaza de la Catedral de Palma, mirador sobre el mar y epicentro fotográfico de los 13,6 millones de turistas que visitaron Mallorca el año pasado, cenar ya no es cosa de residentes.

Por eso Brunzit, un colectivo vecinal que “zumba” como abejas, decidió recuperarla a la fuerza más pacífica posible: llenándola de vecinos con tuppers. Cada miércoles, unas 500 personas montan un sopar a la fresca en plazas céntricas de la ciudad. El objetivo no es tanto molestar como reconquistar metros cuadrados que llevan años cedidos al foráneo. A plaça Major, que la llenaron ayer, se suman la plaça d’en Coll, la Seu, la plaza Llorenç Villalonga o el carrer Fàbrica, abarrotado el pasado fin de semana.

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