Hay varios tipos de experiencias lectoras. Tenemos a los lectores fieles al libro en papel, los que no salen ni a comprar el pan sin su Kindle, los que entrenan al ritmo de un audiolibro y hasta los que te pedirían pena de cárcel si te ven marcar un libro doblando una de sus páginas. Leer ya no es una experiencia absoluta y cada lector puede elegir la manera en la que se enfrenta a una obra.
Lo que quizá no nos esperábamos es que esa variedad de experiencias lectoras nos llevase a hacernos, en pleno 2026, una pregunta bastante más incómoda: ¿qué significa exactamente leer? Y, aunque pueda parecer una pregunta absurda porque seguimos asociando la lectura a hacer un recorrido completo por las páginas de una obra, nuestra relación con los libros no termina necesariamente ahí.

